The Beijing Center

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By Laura Rojas-Aponte

Los campesinos uyghur que conocí en Kashgar viven en una casa de material parecido al bareque. Cultivan algodón, maíz, arroz y un producto chino que no puedo precisar porque me perdí en el inglés complejo del guía local. El gobierno chino va a darle a la familia de cinco miembros un casa de ladrillos. No se sabe cuando, pero tiene 150 metros cuadrados y el agua no se filtra cuando llueve.

La casa de los campesinos —lo confieso— no queda en Kashgar sino en las afueras, de otra manera no serían campesinos, ¿no? En todo caso el sector se llama Maigaiti. Llegar allá nos tomó casi cuatro horas, algo como viajar de Bogotá a Melgar, con la diferencia que las vías en China son impecables y difícilmente se taponan con trancones. Como curiosidad, les cuento que justo ahora escribo desde un bus camino al lago Kalakul.

Hemos pasdo cuatro días en Kashgar, una ciudad cerca a la frontera con Afganistán, Pakistán y Kyrgyzstán, en el noroccidente de China. El calor acá sí que se equipara con el melgareño. A pesar de la temperatura las mujeres se cubren de la cabeza a los tobillos; siempre medias largas y pañoleta en el pelo como las mamás de mis amigos turcos. La influencia de los paises vecinos ha moldeado una población musulmana con cejas pobladas y ojos negros.

La siguiente idea probablemente se repita indiscriminadamente en las publicaciones de este blog, no me importa; la diversidad de este país es abrumadora. En términos de religiones he visto ateos, budistas, cristianos y musulmanes de diferentes estirpes. Los musulmanes de Kashgar no parecen tan fanáticos como he visto en otras ciudades. Sin embargo, a ninguna niña de mi grupo se le ha permitido usar ropa que muestre los hombros o las rodillas, en la discoteca los hombres bailan segregados de las mujeres y toda la región se saluda con “Es salaam aleikum”, la paz esté con usted.

En un acercamiento en la geografía local, Kashgar es la ciudad principal de la región autónoma de Xinjiang, en el sector más al occidente de China. Como la región solo se unió al resto del país hasta el siglo dieciocho, la gran mayoría de los habitantes  —el 70% según mi guía de viajes— no tiene los ojos razgados como el estereotipo de los chinos indica. Las personas de Xinjiang son una mezcla única de las culturas de Asia cental, tanto que tienen su propia lengua; el Turkic-Altaic. La mayoría de ellos pertenecen a la etnia uyghur, por eso en el primer párrafo no hablé de campesinos a secas, sino de campesinos uyghur.

El padre de familia de la casa que visité toca en una banda que tuvimos la fortuna de escuchar. Como la región rara vez es visitada por un grupo tan grande de turistas occidentales la mejor banda de Maigaiti tocó para nosotros. Abajo dejo el video. Como siempre, el asunto está sujeto a las posibilidades técnicas, así que también adjunto una foto por si las moscas:

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